El problema de la utilidad de la Historia se planteó en el momento mismo en que surgió la historiografía. Ya Herodoto en el siglo V a,C., al componer su Historia, creyó necesario explicar para que lo hacia Tucidides buscó también la utilidad de su historia, introduciendo el sentido pragmático en la labor historiográfica. La inquietud aparece como una constante en la historia de la historiografía y en el campo de la didáctica de la Historia.
Ya en nuestro siglo, Marc Bloch, inicia su Apología de la Historia (Introducción a la Historia, en su versión castellana), con -la pregunta que un niño formula a su padre tratando de que se le explique para qué sirve la historia, La obra de Bloch, según sus propias palabras, intenta ser una respuesta a esa pregunta.
Arnold Toynbee, en un breve artículo titulado ¿Para qué estudiar Historia?, introduce la cuestión a través de una singular anécdota; “En una oportunidad, una mujer joven, con escasa educación y carente de toda inclinación intelectual, se encontró por casualidad en una reunión de eruditos. Todos los presentes, excepto ella, se hallaban profundamente interesados en la historia, y así fue como entraron a cambiar ideas sobre el periodo de los primeros emperadores romanos y a comentar exhaustivamente las flaquezas, vicios y despreciables propósitos de aquéllos. A la joven le resultaba ham) tediosa esa charla sobre personas cuyos nombres foráneos no tenían ningún significado para ella y al cabo de un rato, logró intervenir en la conversación con preguntas ingenuas tales como:
- Eran muy esas gentes ¿no es cierto? - Pues, si - repusieron los historiadores
- Y..., ya han muerto ¿verdad?
- Sí, hace ya tiempo replicaron los interpelados con una sonrisa indulgente,
- Entonces, no pensemos más en ellos concluyó la joven con aire resuelto. Lógicamente, los historiadores consideraron sus palabras harto desconcertantes e interrumpieron su debate en forma abrupta. Este era, en efecto, el fm que aquella perseguía, ya que lo único que le interesaba era poner término a una charla tan aburrida. Sin embargo, al conseguir su propósito, abrió también ante los historiadores un interrogante totalmente nuevo al que, tal Vez, les llevara toda la vida el intentar encontrar la respuesta.” La cuestión se plantea con frecuente insistencia en el campo educativo. Muchos alumnos, quizás abrumados por la aplicación de una errónea metodología, carente de atractivos o motivaciones, se sienten tentados a cuestionar el real valor y sentido de sus esfuerzos por aprender Historia.
¿Cuál es el uso o la utilidad de la Historia? Todo depende de lo que se entienda por “uso”. Sin duda la Historia no sirve en el sentido en que sirve una pala, un automóvil o la electricidad. No es un materia! que pueda ser empleado en una industria. El hombre completamente ignorante de la Historia puede desenterrar papas u ordeñar vacas tan bien como el hombre basado en el conocimiento de varios períodos de la historia; es decir la carencia de ese conocimiento no incapacita a nadie para desempeñar las ocupaciones que en el criterio corriente se tienen por “útiles”. Pero hay más de una clase de uso o utilidad. La experiencia es también útil aunque en otro sentido. Un hombre experimentado es mejor que otro que carece de experiencia. Esta es siempre valiosa y deseable. La Historia es el registro de la experiencia de la humanidad en todos los tiempos. Todo lo que el hombre ha intentado
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